👉🏽 Durante la pandemia, muchas personas intentaron mantenerse activas incluso estando enfermas, con la idea de que el ejercicio ayudaría a “expulsar” el virus del cuerpo. Sin embargo, la evidencia médica ha demostrado que hacer ejercicio durante una infección por COVID-19 puede ser contraproducente.
Un caso que ayudó a visibilizar este riesgo es el de O’Shea Rivera, maratonista de 43 años, quien al contagiarse de COVID-19 decidió realizar al menos 30 minutos diarios de actividad física ligera. No se trataba de entrenamientos intensos, sino de caminar dentro de su casa para mantenerse en movimiento y elevar un poco su frecuencia cardíaca.
Cuando el cuerpo pide descanso
Durante la primera semana de infección, Rivera notó que cualquier tipo de ejercicio la dejaba completamente exhausta. Tras cada intento de actividad, necesitaba usar un inhalador y permanecer en reposo durante horas.
En la segunda semana, al sentirse levemente mejor, redujo el esfuerzo a caminatas suaves de 10 a 15 minutos. Aun así, el resultado era el mismo: empeoramiento de los síntomas, tos, mareos y un agotamiento intenso.
Aunque su cuerpo enviaba señales claras de que necesitaba descanso, ella continuó intentando mantenerse activa, convencida de que el ejercicio la fortalecería.
El COVID-19 no se comporta como un resfriado común
Su médico internista fue claro: “Esto no es un resfriado ni una gripe”. Y tenía razón.
Según especialistas en medicina deportiva, como el Dr. Jordan Metzl, del Hospital for Special Surgery de Nueva York, el COVID-19 juega con reglas diferentes cuando se trata de actividad física. A diferencia de otras infecciones leves —en las que el ejercicio moderado puede ser beneficioso—, en el COVID-19 el esfuerzo físico puede agravar los síntomas y retrasar la recuperación.
La clave: escuchar al cuerpo
El ejercicio sigue siendo fundamental para la salud. La actividad física regular ayuda a fortalecer el sistema inmunológico y a prevenir enfermedades como obesidad, hipertensión y diabetes, que se asocian a mayor riesgo de complicaciones por COVID-19.
Sin embargo, cuando el cuerpo presenta fatiga intensa, mareos o malestar, el mensaje es claro: necesita descanso.
Como explica el Dr. Sunal Makadia, director de Cardiología Deportiva de LifeBridge Health, detener el ejercicio por uno o dos días o más no representa un retroceso, sino una decisión responsable.
Señales de alerta que no deben ignorarse
Es importante suspender la actividad física y consultar con un profesional de salud si aparecen síntomas como:
🔹Dolor en el pecho
🔹Palpitaciones rápidas o irregulares
🔹Hinchazón en las piernas
🔹Fatiga intensa o inexplicable
Estas señales indican que el cuerpo necesita evaluación y reposo inmediato.
Si tienes COVID-19, detén el ejercicio al menos dos semanas
Los especialistas coinciden en una recomendación clave:
si una persona da positivo para COVID-19, debe evitar el ejercicio durante al menos dos semanas, tenga o no síntomas.
Esto se debe a que el virus puede presentar una evolución bifásica: el paciente parece mejorar y luego experimenta un rebrote de síntomas, que puede ser más grave. El descanso es una parte esencial del proceso de recuperación.
Tras ese periodo, el regreso a la actividad física debe ser progresivo y supervisado, y en algunos casos puede requerir estudios médicos previos, especialmente para evaluar el estado cardiovascular.
Para recordar 😊
El ejercicio 💪🏽 es un gran aliado para la salud, pero no durante una infección activa. Frente al COVID-19, el descanso no es debilidad: es una herramienta terapéutica clave.
Escuchar al cuerpo, respetar los tiempos de recuperación y seguir la orientación médica es fundamental para evitar complicaciones y proteger la salud a largo plazo.